Nunca perder el rumbo

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Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza

Prohibido debería ser perder el rumbo. Así de tajante es el asunto. De perderlo, nos haremos una colectividad vacía, vulnerable a mentiras, falsas promesas, verdades a medias, fantasías, peroratas insustanciales, demagogia, ilusionismos, populismos, autoritarismos, tiranía, desprecios y desconocimientos, como viendo estamos y nada tienen que ver con la realidad que vivimos, ni con lo que realmente necesitamos como sociedad; de ahí que no podamos quedarnos sin guías verdaderos; esto es, consejeros, mentores, organismos, entidades, instituciones, organizaciones y un modelo estrella de propia construcción que consulte nuestra razón de ser y existir, que respete en contexto de democracia participativa activa, institucionalidad, Estado de Derecho, acatamiento a la legalidad, autorregulación y mejoramiento permanente y continuo. 

Necesitamos una democracia estable y sólidos poderes que nos haga pensar en actuar de manera coordinada con un eficiente desarrollo institucional en el que todo funcione coincidentemente entre población y autoridades con reglas claras, derechos y obligaciones a respetar y cumplir, amén de una ciudadanía comprometida con sentido de pertenencia, voluntad de servicio, espíritu de sacrificio y activamente participativa. Requerimos además de un modelo de crecimiento económico ajustado a realidades y necesidades, focalizado en superar la crisis que aún padecemos, para poder así restarle capacidad a los problemas muchos que acusamos y los acrecentados con la emergencia. 

Importa enfocarnos en nuestras realidades, composición social, tamaño de los departamentos, regiones, país y economía, así como en la inequidad existente en amplias zonas nacionales. Aprender de todas las experiencias para fortalecernos. Caminar con prisa y sin pausa hacia una sociedad en capacidad de organizarse mejor. Alcanzar acuerdos mínimos, Buscar objetivos comunes, No perder el tiempo en divisiones, lo que es estéril, como igualmente perjudicial, perverso, pernicioso y dañino. 

Interesa en contexto de Administración Pública y Buen Gobierno, consolidaciones donde los poderes oficiales funcionen en verdad, nunca se amenace ni se ponga en jaque la institucionalidad. Unas fuerzas económicas impulsadas por los intereses superiores de la colectividad y no los mezquinos de particulares o grupos. Es estructurar en mejor forma Estado de Derecho e instituciones sólidas, acordes con el momento actual, en ruta a un mejor presente y superior porvenir en un fortalecido sistema democrático. No estamos para sorpresas, improvisaciones ni divisiones, que minan considerablemente la confianza y aúpa seguridad y violencia. La historia es a veces mala amiga de la memoria y con frecuencia olvidamos que somos susceptibles de ataques desde dentro y en sus instituciones, por intereses económicos y políticos, entre otros. 

Requeridos estamos de una estructura social más compacta, unida por graníticos principios y menos afecta a generar odios, provocaciones y agravios de toda índole y naturaleza, que desembocan en inseguridad y una violencia que nos arrasa y en la forma en que el valor de la vida se minimiza. Hechos sucedidos que debilitan la confianza en casi todas las instituciones, hacen que nuestras expectativas no sean tan altas, lo que impone revertir por decenios los pendientes que tenemos, a fin de recobrar la esperanza y dirigirnos a alcanzar un real desarrollo democrático. 

Definitivamente, sin que medien caudillos ni mesías, tenemos que descubrir nosotros mismos e ir en consecuencia tras un modelo propio, comenzando por identificar y ponernos de acuerdo lo que funciona y lo que no, Construir sobre lo bien y mejor construido, para diseñar un modelo de democracia nuestro que sea justo, equitativo, de oportunidades y enfocado en la prosperidad de todos para vivir en paz y tranquilidad. Estamos en mora, pero frente a una gran oportunidad electoral para corregir rumbos.rubenceballos56@gmail.com tw: @CeballosRuben56–Ing: @rubenceballos2021 *Jurista

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