Caicedo y la Santa Marta sin agua

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“Dios te salve, ciudad dos veces santa por la gracia del nombre…”

 

Por Aristides Herrera

 

Sin agua no hay vida, bienestar ni desarrollo. Esta no es una afirmación pretenciosa, es una verdad incontrastable, casi una perogrullada por lo obvio.

Sin embargo, Santa Marta lleva décadas sin un sistema de acueducto y alcantarillado acorde a sus posibilidades de crecimiento urbanístico o a su vocación territorial de convertirse en un destino turístico de talla mundial. Esta es una barrera casi infranqueable para el crecimiento de la economía local, la generación de ingresos y de empleos formales, en una ciudad con altos índices de desempleo y casi el 70% de informalidad, en donde la juventud crece sin mayores esperanzas.

Durante varios meses del año, todos los años, cerca de doscientos mil samarios, principalmente mujeres, deben romperse el espinazo, trasnochar o destinar un porcentaje de sus ingresos para acceder al agua en sus hogares.

Dicho esto, es aquí cuando salta Caicedo o cualquiera de sus paladines y grita: “la culpa es de los clanes politiqueros y corruptos que durante 50 años no resolvieron el problema y convirtieron a Metroagua en una empresa ineficaz y corrompida”. No obstante, transcurridos 10 años de la “era del Cambio” la crisis se ha acentuado. Los samarios siguen con el problema y el cambio solo ha consistido en que los clanes fueron sustituidos por el multimillonario Cartel del Agua y de los Carrotanques, y la empresa Metroagua fue remplazada por la corrupción del ESSMAR que ya acusa un déficit de varias decenas de miles de millones de pesos.

Cualquier marciano o extraterrestre que decidiera venir a vivir a este paraíso natural y adquiriera la capacidad de votar, con seguridad solo depositaría su voto por aquel candidato al concejo, a la alcaldía, a la gobernación, al congreso e incluso a la presidencia que priorizara la solución de este problema.

Pero esa no parece ser aún la percepción de la mayoría de los samarios a la hora de hacer uso de su poder ciudadano, al hacer uso del enorme poder que se concentra en su voto.  O por lo menos es lo que dijo Caicedo en una entrevista, viral en las redes sociales, en la cual afirmó, palabras menos, palabras más, que siendo alcalde no había resuelto el desabastecimiento de agua porque los samarios no se lo habían pedido como una prioridad.

El 31 de diciembre de 2023 se habrán cumplido 12 años y tres mandatos del movimiento político Fuerza Ciudadana al frente de la Alcaldía del Distrito de Santa Marta, a cargo de Carlos Caicedo, Rafael Martínez y Virna Johnson. Para entonces se habrá cumplido también el mandato de Caicedo como gobernador del Magdalena y es de presumir que un candidato de Fuerza Ciudadana aspirará a mantener el control de la alcaldía.

El pasado 18 de junio, con pitos y tambores, el gobernador del Magdalena y la alcaldesa de Santa Marta, Virna Johnson, firmaron un convenio para la contratación de los Estudios y Diseños del Sistema de Acueducto de “El Curval” con la filial del Grupo Ecopetrol, Cenit Transporte y Logística de Hidrocarburos. Cenit aportará 16 mil millones para la contratación de estudios y diseños del sistema de acueducto que serán entregados al finalizar el año 2022, y la gerencia e interventoría estarán a cargo de la Alcaldía. El proyecto ‘El Curval’ busca la captación de agua de los ríos Guachaca, Piedras y Don Diego.

En otras palabras, al concluir los mandatos de Caicedo y Virna Santa Marta seguirá sin agua. Así de simple.

Revisado los hechos, podemos afirmar con amplio margen de certidumbre dos cosas: La primera, que el 31 de diciembre de 2023 no se dispondrá de la “solución definitiva al problema del agua de los samarios” que anunciaron esta semana Caicedo y Virna y, la segunda, que tal parafernalia publicitaria no es otra cosa que un caballito de batalla para engañar incautos en las elecciones al congreso que se avecinan y en el próximo debate electoral para alcaldía y gobernación.

Cabe recordar, que desde que Fuerza Ciudadana está en el poder, se han realizado varios estudios para determinar la captación de agua potable, el primero se realizó con la Universidad de los Andes y en el que se invirtieron miles de millones de pesos; se determinó que se abastecería a la ciudad con el agua del río Magdalena, unos de los afluentes más contaminados del País. Posteriormente se determinó que se haría la captación de los ríos Toribio y Córdoba. Finalmente, durante el gobierno de Rafael Martínez se planteó la construcción de una planta desalinizadora y se llegó a considerar como una alternativa la de bombardear las nubes. Pero como ya se volvió costumbre en el caicedismo, todo quedó en anuncios.

Sin embargo, eso que hoy el gobernador define como “la mejor alternativa y solución definitiva al problema del agua” fue planteado en su momento por quien esto escribe, en mi condición de candidato a la Alcaldía.

Propuse como prioridad suprema dotar a Santa Marta de un sistema de acueducto y alcantarillado modernos y eficiente, que tuviera como plan de choque, en el primer año, la construcción de una planta de tratamiento alimentada por el agua del río Guachaca, con una capacidad de 1000 litros por segundos. La iniciativa fue considerada como una idea descabellada por los detractores de Fuerza Ciudadana que trataron de desprestigiar la iniciativa. Paradójicamente, la misma propuesta, que solo recibió burlas por parte de Caicedo y sus simpatizantes, ayer fue dada a conocer por el gobernador ante los medios de comunicación.

La duda que asalta a los samarios, a quienes los de naranja consideran un pueblo sin memoria, es ¿Cuántos mandatos de Fuerza Ciudadana tienen que pasar para que se le se dé solución definitiva a la falta de agua a Santa Marta?

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