A Leandro, con ocasión de un año menos

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Elkin Leandro Carbonó López, Comunicador Social y Periodista, quien además ha dedicado varios años a la asesoría desde las comunicaciones estratégicas y el marketing político, publica en Revista7, hoy 11 de junio, el primer fragmento de uno de sus cuentos en lo que pudiera considerarse una nueva faceta de su vida y su profesión.

Carbonó López, quien adelantó estudios  de Maestría en Derechos Humanos y en Resolución de Conflictos, es columnista de este medio desde el año 2019 y hoy se encuentra en Bogotá, laborando para la Unidad Nacional de Protección como Jefe de Comunicaciones Estratégicas.

Presentamos su cuento al que el mismo ha catalogado como intimista y sombrío.

 

A Leandro, con ocasión de un año menos

A Leandro lo bauticé un día de frío en medio de la vastedad pedagógica que ejercía en ese instante para convencer a su propia madre del pánico contagioso que me gobierna en silencio cada vez que tengo el alma cerca a los gatos.

Leandro vive rodeado de caricias en un apartamento lujoso donde le profesan amor filial y le veneran sus maullidos. Con frecuencia publican su rostro tenebroso en las historias de Instagram y en los estados de WhatsApp, donde aparece inocente e inconsulto y donde la reacción digital de los miles de seguidores de su madre, lo eleva a categoría angelical.

Un cuerpo colectivo de jurados severos se opuso rotundamente al nombre que le asigné a falta de ese oficio de uno de los miembros del jurado mismo. Dicho sea de paso: es la única injusticia que ha enfrentado Leandro en su años menos de vida.

La mamá de Leandro me contó un día que los jurados negaron la asignación del nombre porque lo consideraron una estructura fraseológica llena de toda una estrategia que pretendía inocular mi presencia en el apartamento donde vive Leandro. También contaron los jurados que la estrategia buscaba dorrocar al general Vargas, padre putativo de Leandro.

A Leandro lo someten a cuidados extremos pero delicados. Los mismos jurados que negaron su bautismo, han reducido su vida social y no le permiten ni asomar la nariz por las ventanas por temor a que sea contagiado.

Desestiman la tesis científica que afirma que el coronavirus no es transmisible en su especie, ni da alcance a los humanos.

A la madre de Leandro, la miré tres veces allende su corazón y le contabilicé los suspiros que sembraron huellas para siempre en medio de una noche fría como aquella, en la que intenté sin fortuna, bautizar a Leandro.

Con toda devoción, decidí no incluir en los vericuetos del conteo, su inefable amor de base que murió en secreto en medio de los relámpagos de su infidelidad.

La madre de Leandro fallece y resucita semanalmente. Lo hace siempre y antes del día menos de vida del padre de estas letras. El mismo que reconoció que nunca antes había hecho tantos esfuerzos para entender que Dios no juega a dados con el cosmos. El mismo que se declaró inocente frente al juzgamiento que pretendía comprobar que el bautismal de Leandro, lideró el intento de derrocamiento del general Vargas. El mismo que con cinismo y gallardía confesó que podía ser el segundo al mando en el nuevo escenario de poder.

Leandro goza de sus amores filiales y ve pasar los días sin sospechar que le causa terror al hombre de más batallas perdidas que exista sobre la tierra de infortunios de la que tanto habló García Márquez.  Al lector de Morín y de esfuerzos colosales y al que le sembraron y le arrancaron la historia un mismo día.

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