Los Cangrejos… ¿únicos sobrevivientes?

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Por Rafael Gómez LLinas

“En el llamado reloj del apocalipsis, a la humanidadsolo le quedarían 100 segundos para llegar a la medianoche de los tiempos”. El cambio climático, las pandemias, el peligro de una guerra termonuclear y las tecnologías disruptivas, aceleran la llegada del momento en el que el mundo inexorablemente llegaría a su final”  

Realmente en Sharamatuna cualquier cosa podría suceder.  Cualquier historia por inverosímil que pareciera, podría llegar a ser cierta. Allí no había medidas de comparación con otros pueblos, con otras regiones, ni con otras realidades. El aislamiento en el que se encontraba, habíadesacoplado su curso con la historia, las costumbres y las verdades del resto del mundo, y su viaje en el universo pareciera hacerse en unas coordenadas y a unas velocidades diferentes al resto del mismísimo sistema solar, y qué no decir de las del resto de la galaxia.

Allí la fantasía se entrecruzaba fácilmente y sin distingo con la realidad, y en ella, las cosas comunes y normales no tenían cabida. Y por ser loshechos y las situaciones comunes y corrientes desconocidos por sus habitantes, creían que lo absurdo, lo imposible, era lo normal y lo másnatural… Al fin y al cabo esa fue la tierra  en dondeun día brotó como una buena planta para sanar las conjeturas existenciales,  el bien llamado “realismo fantástico”.

Entre escuchar historias fantásticas, los febriles experimentos de alquimia, sus lecturas clandestinas, y su inútil aislamiento, la vida de Chezcott transcurría adormecida y sin mayores sobresaltos. Navegaba lenta como en una esfera aislada, dentro de las fronteras de Sharamatuna y eso lo mantenía inconforme.

Su idea, su disposición, eran my simples. Mientras estudiaba unos rudimentarios mapas de la región elaborados por él mismo, guiado por sus observaciones e informaciones recogidas aquí y allá, pensaba que definitivamente debía hacer contacto con un vasto y promisorio mundo exterior. A lo mejor, tomando el camino escondido detrás de las vaporosas cascadas de “Pozo Azul” en los bordes de Yantana, (Minca) descrito por el pirata Eduardo D’Saint-Olarte, con el propósito de aparecer al instante en la luminosidad de la entrada de los domos ceremoniales del “Jardín Botánico de Busintana” como él lo decía, y escuchar deboca de su guardián, el Mamo Menjabin, la ubicación de la ruta definitiva que lo condujera el otro lado del mundo, y en ese viaje, por supuesto, al interior del extenso universo de conocimientos y secretos que los hermanos mayores de la Sierra Nevada tenían.

Todo lo que hasta ahora conocía, no le había servido sino para complicarse la vida en un eterno ritual de lentas y elaboradas costumbres llenas de celos, envidias e hipocresías, expresadas en un lenguaje precario con el que solo renegaba y expresaba siempre una permanente inconformidad con la vida. Su aventurera idea, la transmitiría con urgencia a su grupo de fratres y sorores de búsqueda espiritual. Debía hacerlo con unas muy elaboradas explicaciones didácticas con la ayuda de unos muy convincentes y coloridos dibujos y mapas  hechos  por  él, para lograr el apoyo de ellos.

Para lo mismo había planeado un sinnúmero dereuniones secretas en una casona ubicada en la calle Grande de propiedad de Doña Beatriz Travecedo, que se la diera alquilada barata por un estipendio de nueve maravedíes mensuales, con el propósito de conspirar en contra de las momificadas costumbres y las desfiguradas creencias religiosas de la época, para cambiar si podían la realidad y el destino. Y por supuesto, para soñar… Para soñar con un mundo mejor y realmente distinto.

Atravesó en pocos minutos los playones salitrosos y resecos de la Castellana   y se dirigió por los rumbos de la calle Cangrejalito, hacia su casa. El calor a esas horas ya altas de la mañana cercanas del medio día, era abrasador. Levantó la vista hacia las casas que se alineaban a lado y lado de la calle y vio que eran muy parecidas unas a las otras. Se erigían como si fuesen castillos que  reverberaban sobre nubes y rompían con la simplicidad de su entorno, y más, con la exuberante floresta que a sus espaldas, pareciera estar a punto de tragárselo todo,apenas frenada en la proximidad de la playa por suambiente arenoso, reseco, y las bocanadas incesantes de la respiración salada del océano.

¡Esas casas no tienen nada que hacer aquí! Pensó. ¡Son calientes, están hechas a costa de la deforestación y calcinación de las entrañas minerales de Gaia, y definitivamente rompen con el paisaje!. ¡Son el resultado de la arrogancia del ser humano!. ¡De su desconocimiento del  movimiento vivo de la naturaleza, y de su irrespeto por la madre Tierra!.

Por un momento desvió su mirada alertada por un fugaz movimiento en el terreno, apenas el tiempo justo para darse cuenta que era un cangrejo azul, una Jaiba,  que se había asomado inesperadamente en uno de los huecos que se encontraban regados a lo largo de la calle, que huidizo ante su inminente presencia, desaparecería en sus profundidades. ¡Son más inteligentes que nosotros! pensó. Sin dejar de caminar a toda prisa, comenzó a imaginarse que  él era del tamaño de esa Jaiba y que se introducíaen el laberinto de ese hueco vivienda de los cangrejos.

Maravillado imaginó su ambiente fresco, penumbroso y el sonido de la marea que se oía amplificado y lejano como si fuera ese hueco una natural caja de resonancia. Como una sala de música para oír los sonidos del concierto melodiosode la naturaleza. Sintió su abrigo, su frescor, y se imaginó cómo, el mar los inundaba por debajo lento y pausado en las horas del pleamar y mucho más en las noches de luna llena, aliviando el calor que se pudiera concentrar en ellos por la resolana de las horas más calientes, dejando además al retirarse en las madrugadas, un suculento sedimento de plancton como el tributo alimenticio de un compromiso y una sincronía natural que se repetía a diario, a la misma hora, y sin falta. Nada les faltaba, y nada podía ser más perfecto como vivienda para los cangrejos.

Allí tenían abrigo, refugio, comida y diversión. Esos huecos de los cangrejos, se extenderían en un laberinto interminable de túneles y pequeñas cavernas. Como si fuese toda una ciudad subterránea en miniatura. Como una réplica arenosadel reino de Agartha.  Atraídos por el imán de las profundidades de la madre tierra, esos túneles se entrelazarían como una interminable raíz quepenetraba sinuosa sus  profundidades.

Se imaginó que él mismo era un cangrejo. Recorriómentalmente esosneles, que penetraban mas y mas el interior de la tierra y desembocaban en espacios cada vez más grandes. Repletos de muchisimos cangrejos que lucían diferentes vestimentas, coloridos accesorios y prendas sobradas en lujos. Vio como se iban colmando lostúneles con luces y mas luces, y como se desbordaba la algarabía de un intenso movimiento y de vida. El fragor de toda la actividad que desplegaban los cangrejos se oía, se sentía, fuerte y avasallador.

Presagiaba el acaecer de muchos acontecimientos y de muchos adelantos. Se sintió entonces recorriendo toda una gran urbe subterránea: “LaCiudad de los Cangrejos”. Una ciudad llena de lujos. Moderna. Con grandes casonas, hermosas plazoletas, parques y muchas vías por donde fluían por toda la ciudad sus lujosos carruajes. Se imagino a sí mismo como el cangrejo más poderoso. Dueño de muchos túneles, cuevas, y de muchos palacios.

Los demás cangrejos le rendían pleitesía. Y las cangrejas lo adoraban hasta el delirio. La vida no podía ser mejor. Suspiró, y como si se despertara de un sueño imposible, se detuvo por un momento pensativo y dijo para sí: ¡Carajo me estoy imaginando cosas como si fuera un cangrejo,que piensa como un ser humano!. ¡Pensar así, con seguridad los llevaría a ellos a su propia destrucción!. ¡Ojala los cangrejos nunca lo hagan!.

Su mente rápida se imaginó en contraste con  esa escena, a la superficie de la tierra, árida y desértica. Sin agua dulce y solo rodeada de unos mares muy escasos de vida. A una tierra sin árboles de ninguna especie, ni animales de una escala superior. A toda la superficie de la tierra parecida a un paisaje lunar, desolado, muerto. Plagado de ruinas y restos ya fosilizados.

Un mundo en el que solamente los cangrejos, fueronmás precavidos que el hombre. Que nunca, habían tenido el desatino biológico de pensar como él. Y que llevados por su instinto, con mucha anticipación,se refugiarían en las profundidades de la tierra, lograrían salvarse del inmenso cataclismo que la sacudiría y sobrevivirían millones de años más. Y lo que es mejor, conseguirían evolucionar hacia una creciente conciencia clara de sí, y de su entorno. Que ya hacia centurias habían dejado de “caminar hacia atrás”, y habían entendido finalmente que la evolución es siempre hacia adelante. Lo lograríancon una formula simple:

Se apegarían lo más que pudieron a la madre tierra. Nunca se separarían de su seno protector. Construirían su mundo teniendo en cuenta las posibilidades naturales que ella les ofrecía. Sabríanrefugiarse a tiempo. Se mimetizarían y connaturalizarían con ella. No la maltratarían. No se engañarían, ni engañarían a nadie. Se mostrarían tal como son. Sabrían almacenar y ser humildes. Y  fue tal la lectura que lograrían sobre los cambios y energías de la tierra, que se dejarían llevar de frente por las imantadas corrientes telúricas que siempre se dirigían hacia el norte, y conseguiríanasomarse a perfectos estados de armonía, a salvos para siempre de la decadencia y  de la autodestrucción…

Y al mismo tiempo, el ser humano el anterior rey de la creación, yacería extinto  como un mal recuerdo de una raza de seres que en algún momento, fueron  los amos del planeta, pero por su arrogancia, ambición desmedida e irrespeto por la naturaleza,perderían la irrepetible y única oportunidad de ser eternamente los bien amados hijos de la madre tierra ¡Qué ironía! Pensó. “La tierra será en el futuro de los cangrejos”. Nosotros somos demasiado arrogantes para merecer eso. ¡Desapareceremos!. No tenemos un futuro escrito en el destino final de la tierra. No alcanzaremos a acompañarla en el resto de su vida ¡De su larga vida!

Sharamatuna, a los primeros 143 días del año del principio del final.

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