Una calificación por mejorar

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Por José David Name

Se cumplieron los pronósticos del descenso en la calificación de riesgo de Colombia y la pérdida del grado de inversión. Aunque las advertencias sobre esta posibilidad se venían anunciando desde el año pasado, la repentina decisión de la agencia Standard & Poor’s (S&P) tomó por sorpresa al país que esperaba un mayor plazo.

Con el inevitable reversazo de la reforma tributaria y el estallido social, se agudizó la incertidumbre económica, política y fiscal en el país, acelerando el temido anuncio. La decisión de S&P de bajar la calificación de Colombia de BBB- a BB+ es un fuerte campanazo de alerta para buscar una pronta mejora del país en su desempeño macroeconómico, fortalecer la institucionalidad, así como sus finanzas públicas, sus finanzas externas, su credibilidad de la política monetaria, entre otros factores, que son los que lo han llevado a la rebaja soberana.

La anterior calificación de Colombia, que se ubicaba como la más baja dentro de la categoría de grado de inversión, nos había permitido mantenernos entre los países de menores riesgos, con condiciones favorables. Esta reducción de la nota crediticia nos sitúa en un escenario nada deseable, de grado especulativo, que además de ocasionar que el crédito se encarezca y por lo tanto se eleven las tasas de interés, implicará una mayor volatilidad y exposición del mercado a inversionistas.

La degradación de la nota soberana, también impactará el historial del manejo macroeconómico responsable del país, aumentando la percepción de riesgo. Pese a que los mercados financieros ya estaban asumiendo que Colombia perdería su grado de inversión, con tasas superiores, cercanas a las de países en grado especulativo, expertos de empresas de inversiones como Corficolombiana afirman que de lograrse un consenso en el Congreso para aprobar una nueva reforma tributaria, que estabilice la senda de deuda pública a mediano plazo, se podría dar una corrección de los títulos.

Tras la histórica contracción económica que sufrimos en el 2020, un PIB que para el cierre de este año se calcula en 8,6%, y la incertidumbre por la actual coyuntura social y política, tenemos el gran desafío de redireccionar al país hacia la senda del crecimiento sostenido. Los resultados positivos del primer trimestre del 2021 que reflejan un crecimiento del 1,1% muestran un lado prometedor de la recuperación de la economía por el que hay que seguir.

Si bien no es prudente magnificar las consecuencias de la pérdida del grado de inversión, tampoco es conveniente subestimar los posibles efectos de la mala calificación, por lo tanto hay que reconocer el efecto negativo que traerá esta baja nota, sobre la inversión y la confianza. Mientras que las otras dos agencias, Moody’s y Fitch Ratings continúan evaluando, y se mantienen a la expectativa de los resultados del debate de un nuevo proyecto de ley de reforma tributaria, debemos esforzarnos por mejorar las perspectivas de nuestra economía.

Este escenario nos urge a buscar puntos en común, a través del diálogo, para aclarar el panorama de nuestro país. Hay que evitar que lleguemos a indeseables ciclos en el desempeño económico, construyendo una nueva reforma tributaria a partir de consensos, que logre atenuar el déficit fiscal, la deuda y nos permita soportar los gastos adicionales generados por la pandemia. Entre todos tenemos que trabajar por la sostenibilidad fiscal y económica de Colombia.

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