El silencio de las sirenas

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Siempre nos ha impresionado el sonido de las sirenas de las ambulancias. Oír su sonido agudo a lo lejos y sentir como va en aumento a medida que se acerca a nosotros producía una rara mezcla de angustia y confianza. Angustia sobre la pronta llegada a su destino, y confianza al saber que el enfermo ya estaba en manos de profesionales.

¿Por qué han dejado de sonar las sirenas? ¿Por qué las ambulancias cruzan las ciudades velozmente en silencio? ¿Acaso su mutismo no transmite algún mensaje sobre la gestión que se ha llevado en este año de pandemia?

Con más de 107 millones de contagios y 2.3 millones de personas fallecidas alguna reflexión tendremos que hacer después de un año en vilo, tramitando la cercanía de la muerte en paralelo a la impotencia que produce la falta de confianza en la clase política que nos lidera.

Quizás no suenan las sirenas porque la eficacia de los sistemas de salud de los países en general, y los desarrollados en particular, han fracasado. Las millonarias inversiones en hospitales, ambulatorios, centros de salud, han sido insuficientes por la improvisación de sus dirigentes, quienes con criterios políticos han abordado la pandemia sin protocolos que ordenaran las situaciones de una crisis que, aunque llegó de repente, dio plazo para conjurarla.

Quizás no suenen las sirenas por la ceguera que los hizo minusvalorar su capacidad de contagio al pensar que era un problema sólo de los ‘chinos’ y que la distancia geográfica los pondría a salvo. Ha quedado comprobado que en 24 horas cualquier virus viaja a los cinco continentes sin considerar, color, raza o religión.

Quizás no suenen las sirenas para poner de manifiesto la falta de reacción de los organismos mundiales a la hora de determinar la gravedad de la pandemia, su efecto global y la letalidad de su contagio.

La guerra de los mundos ha dejado al descubierto lo peor de la clase política de países emblemáticos, que aconsejaron a la opinión pública que se pasaría al ser una pequeña gripa sin consecuencias para la vida de nadie.

Quizás no suenen las sirenas para denunciar la falta de solidaridad de los países. Ni los más comprometidos como la Unión Europea, ni los insolidarios de siempre han sido capaces de ponerse de acuerdo en cómo tratar la pandemia. Tampoco han sabido dar pasos concertados para que la compra de vacunas ayude a mitigar las tasas de contagios. La falta de conciencia del daño producido, vuelve a poner en evidencia las diferencias entre los países desarrollados y los que no lo son, y la política ‘del sálvese quien pueda’. La insensibilidad de los ricos en no apoyar a los que más lo necesitan.

Quizás no suenen las sirenas, porque los analistas más optimistas pensaron que la economía versus la salud saldría a cuenta en el corto plazo. Mantener la primera en detrimento de la segunda era lo acertado. Se equivocaron. Los países cerraron a medias las economías.

Ante semejante nivel de tibieza sus previsiones de crecimiento se vieron arrastradas a mínimos históricos y la cerrazón de los dirigentes de turno, no ha hecho más que constatar que nada de lo planificado ha sido como ellos creían.

Cada día mueren más personas y el colapso del sistema de salud de cualquier país es la cruda realidad que se encuentran los cientos de miles de enfermos. Las previsiones sobre el crecimiento continúan por el efecto desmedido de contagios.

No sé lo que habrán aprendido los responsables políticos de todo lo acontecido este año, probablemente nada. Los ciudadanos siguen sin entender el criterio en la compra de vacunas, de las medidas absurdas de los confinamientos o simplemente en el cierre de sectores básicos de la actividad del día a día.

Tiemblan pensando en la falta de transparencia en la gestión del COVID-19. No comprenden como con el nivel de contagio actual, se siguen convocando elecciones, mítines, manifestaciones como si nada hubiera ocurrido.

Quizás sea el momento de una conferencia mundial, para analizar el ‘mea culpa’ de lo acontecido y sea posible un acuerdo, para que la falta de respuesta y solidaridad no se vuelva a dar en ningún lugar del mundo.

@JaimePolancoS

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