El Magdalena, rey de las segregaciones

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Por Isidro de Jesús Mora Barrios 
El departamento del Magdalena es uno de los más antiguos del país, en la época colonial se conoció con el nombre de Provincia de Santa Marta. En 1857 se constituyó en el Estado Federal del Magdalena, dividido para su administración en los departamentos de El Banco, Padilla, Santa Marta, Tenerife y Valledupar. En 1886 se cambió su denominación por la departamento del El Magdalena; en 1954 le fueron segregados los municipios de Riohacha, Barrancas, Fonseca, Villanueva y San Juan del Cesar, los cuales pasaron a la Guajira, en 1967 se segregó toda la región suroriental para formar el nuevo departamento del Cesar.
Esta práctica no es nueva, el Magdalena Grande fue dividido en tres departamentos y actualmente esta práctica continúa vigente en la mente de los magdalenenses. Recientemente se estaba fomentando la conformación del departamento de La Depresión Momposina, la pregunta es: ¿esto trae más progreso, más riqueza o es la multiplicación y réplica de la pobreza y miseria de estos pueblos?
Hace pocos días he oído por los medios de comunicación la noticia que el Corregimiento de Gaira quiere erigirse en municipio; este sería un adefesio político y el peor desastre histórico que le podría pasar a Santa Marta.
En Colombia las entidades territoriales cuentan con funciones propias y autoridades para tomar las decisiones de su territorio, pero en la mayoría de los casos los recursos son insuficientes. Por ello, aunque la Constitución reconoce la autonomía territorial, no la garantiza, en especial porque no garantiza que los recursos coincidan con el nivel de responsabilidades asignadas, en consecuencia los municipios, en la mayoría de los casos, son unas entidades meramente ejecutora de políticas y programas nacionales. En la práctica, las autoridades locales están más preocupadas por el cumplimiento de responsabilidades administrativas que por atender a sus ciudadanos. Los asuntos propios, que se derivan de la cotidianidad de la vida local, pasan a ocupar un segundo lugar frente a la avalancha de requerimientos burocráticos que deben cumplir las administraciones municipales en nuestro país frente al nivel nacional.
Las políticas públicas se escriben en los fríos escritorios de la capital de la República de Colombia, sin tener en cuenta que somos un país pluricultural y con características diversas, desde allá mismo se le marcan las directrices pero las tienen que ejecutar los alcaldes que algunas veces no tienen recursos ni para pagarle viáticos a un funcionario para que se desplace a la capital de su departamento y/o Bogotá hacer gestiones administrativas, la precariedad de su municipio se lo impide.
En lugar de estar impulsando la creación de estas pequeñas ínsulas, para que sus gobernantes hagan ochas y panochas y abusen del poder, por qué no pensar en organizar un área metropolitana fuerte y vigorosa incluyendo los municipios de Ciénaga y Pueblo viejo, estas segregaciones fomentan la politiquería, la falta de identidad, sentido de pertenencia, tal parece que a nosotros se no olvidó la tabla de multiplicar.
Santa Marta tiene el privilegio de ser capital del departamento del Magdalena y según legislativo 03 de 1989 se convierte en Distrito Turístico, Cultural e Histórico.
De acuerdo con la Ley 1617 de 2013 los distritos son entidades territoriales organizadas, que se encuentran sujetos a un régimen especial, en virtud del cual gozan de facultades especiales diferentes a las de los municipios.
Los Distritos, al tener un carácter especial, requieren contar con criterios diferenciales para la asignación de presupuesto de la Nación, pues en el Sistema General de Participación es adoptado por la Ley Orgánica 715 de 2001, se otorgaba un porcentaje mayor de las transferencias.
A pesar de todas estas garantías y de cumplir 32 años de ser Distrito, esta ciudad muestra un progreso paulatino, no tiene un buen sistema de acueducto y alcantarillado, la malla vial es nula, el transporte urbano es obsoleto y está en manos del mototaxismo e igual sucede en todo el territorio departamental y como postre tenemos la perlita que la ciudad dos veces santa se quedó sin identidad cultural como consecuencia de las segregaciones y divisiones.

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