LA TRAMA CIVIL

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Hace años un famoso cómic español del maestro Francisco Ibáñez hacia las delicias de los lectores de aquella época: ‘Pepe gotera y Otilio, chapuzas a domicilio’. Así se llamaban los singulares personajes, quienes con sus despropósitos como arreglistas de obras y reformas, todo lo que hacían terminaba en el más absoluto caos. Algo así parece esta telenovela de ‘acción’, protagonizada por los servicios de inteligencia del Ejército Nacional.
¿Cómo unos profesionales con docenas de años de experiencia pueden hacer semejante despropósito?
¿Cómo y en qué cabeza cabe, en estos años de consolidación de nuevos procesos de convivencia, después de dejar atrás una parte de la guerra, que lo más urgente y sofisticado que tienen que hacer los servicios de inteligencia es ‘espiar’ a periodistas extranjeros y nacionales (entre otras, a mi esposa), políticos, líderes sociales y organizaciones que defienden los sistemas más elementales de libertades? Y pongo lo de espiar entre comillas, para resaltar lo ridículo del asunto, a resulta de los documentos que se conocen.
¿Cómo militares de alta graduación, con un futuro cierto después de tantos de servicio a la patria, algunos a punto de ser ascendidos a rangos superiores en el ejército, se inmolan cual jóvenes yihadistas sin importarles las consecuencias personales y familiares de semejante decisión de vida? ¿Qué y quiénes les empujan a esto? Quizás, otra vez más, los fusibles clásicos del ejército, actuando para que se ‘queme’ alguien y así todo pueda continuar igual. Si, igual, siempre igual, aunque parezca mentira.
No dudo de la palabra del Presidente cuando dice su verdad, de que “llegaré hasta el final del asunto”. Pero cuantas veces más vamos a seguir, con esta pantomima de los diferentes ministros de defensa y generales jefes, sobre que son algunos garbanzos podridos, manzanas podridas u ovejas descarriadas, por la presión y la responsabilidad del servicio.
¿Cuántos escándalos como éste llevan encima las fuerzas militares en los últimos años? Demasiados diría yo, para ser solo unos garbanzos podridos. De seguir así, sin tomar ninguna medida cierta, ni en el interior de las fuerzas ni en la patética Fiscalía General del Estado, podríamos cocinar un cocido madrileño o un sancocho vallecaucano para toda la tropa las próximas navidades.
¿Quién está detrás de todos estos contubernios baratos? ¿Para qué se perfilan ciudadanos, que, por hacer su labor profesional, estarían según los militares, bajo sospecha de colaborar con no se qué oscuras organizaciones, que amenazan la seguridad de Estado? ¿Quiénes son los destinatarios finales de estos documentos y para que fines los necesit an? ¿Qué poder tienen en las fuerzas militares, para imponer trabajos al margen de la ley a uniformados, quienes en circunstancias normales acatan ordenes sin cuestionarlas?
No creo a estas alturas del partido que los viejos caimanes de los contubernios clásicos estén involucrados. Demasiado obvio y poco provechoso, dirían. Esos trabajos ya se hicieron años atrás, con inciertos resultados sobre las víctimas, pero necesarios para acotar los destinos de la nación, se dirían con aire de complicidad.
¿Entonces quiénes? No hay nada peor para una organización extremista que los fundamentalistas que la vitorean. Cachorros que mantienen la esperanza de resaltar antes sus jefes con acciones extravagantes, merecedoras de su atención y premiación. Ahí es donde está el caldo de cultivo de está trama civil.
Los que pensando que hacen un bien a su país, incluso desde puestos institucionales, son capaces de saltarse las más elementales reglas de convivencia democrática, con el único fin de acabar, con lo que ellos denominan, ‘enemigos del Estado’.
¿Quizás los defensores de la paz y la convivencia, sean su blanco soñado? ¿Sueñan los cercanos a los intereses del poder creyendo que tienen estos derechos de cambiar el rumbo de las cosas? ¿Sueñan quienes, utilizando este tipo de informaciones, torticeramente filtradas en los tiempos justos y elaborando una estrategia de chantaje y extorsión, devolverán a la patria tiempos mejores?
Para ello necesitan crear nuevos medios, utilizar herramientas de intoxicación, manipular los periódicos más cercanos y utilizar las redes sociales para mayor gloria de los ‘nuestros’ o la descalificación más agresiva para el enemigo. Parecería sacado de un manual de buenas prácticas del nazi Joseph Goebbels.
A todos ellos mi cordial bienvenida. Las instituciones, los medios de comunicación y los organismos internacionales llevan años luchando con acierto estas organizaciones con fines delictivos. Estos personajes que en aras de un mundo mejor, son capaces de manipular las voluntades de personas e instituciones, creyentes de hacer un bien superior al país. Por desgracia para ellos, serán encontrados y juzgados, por manipular la convivencia y el sosiego en nuestras vidas.
@JaimePolancoS

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Publicado por - 27 abril, 2020 0
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