Politiquería y democracia

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Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*

Está pasando lo que está pasando y lamentablemente no podemos decir -que es lo que debiéramos-, que se le haya puesto desde las altas jerarquías gubernamentales en el departamento y ciudad capital, freno a la polarización como herramienta, estilo, mecanismo o instrumento de gobierno. No hay, a pesar de la crisis en que nos encontramos un real ni verdadero llamado a la unidad que normalmente, léase bien, que normalmente los buenos mandatarios hacen en crisis y coyunturas de esta naturaleza, siendo igualmente claro que no estábamos preparados para las crisis, al carecer de todo lo necesario para aplicar un plan profesional adecuado con técnicos, científicos, auxiliares, logística, demás personas, elementos y condiciones necesarios en estos eventos, a lo que se suman corrientes diversas que de manera espontánea, engrasan la polarización en la conversación cotidiana y escenarios distintos.

Asistimos a una polarización estúpida protagonizada por acciones politiqueras soportadas de manera mediática, faltando en todo el manejo que debía ser, así como ordenamientos para mitigar al menos en manera sólida los embates del Covid-19. Estamos a tiempo, ya que de seguir esta polarización ahondaremos crisis y preocupaciones. Se impone deponer ánimos para llegar a buen puerto con fuerza moral. Es sin duda esta una polarización que la pandemia convertirá en inane ya que desnudara las politiquerías de todos, especialmente de aquellos que hacen propaganda a costa de la salud de nuestros coterráneos.

Después de esta crisis, nada será igual advierten desde sus oteros, desde sus atalayas, pensadores, filósofos, politólogos, científicos sociales, ya que estará más atenta la sociedad respeto de lo inmunológico y de las capacidades sociales para protegerlo, en lo que necesario será construir un sistema nacional de cuidados, estableciéndose además que contar con ello debe ser un derecho constitucional. Será más observada la fortaleza o debilidad de los Estados en cuanto a la salud y preservación de la democracia, el reparto equitativo de los bienes públicos y la garantía de la representación de los ciudadanos en la toma de decisiones (participación democrática activa), donde la formulación de las definiciones gubernamentales para enfrentar las emergencias no estarán más signadas por la ausencia de escuchas y consensos, lo que sumará a favor de ese diálogo democrático que desde hace rato reclamamos.

Requeriremos de un replanteamiento profundo en todos los aspectos inherentes a cuanto ver tienen con la cosa pública; esto es, un acuerdo para superar la crisis. Es en síntesis participar más como ciudadanía en el diseño de las soluciones. Se trata que exista una convocatoria permanente y continua al diálogo deliberativo, a la representación de los distintos intereses en juego, cuidando siempre que prevalezcan los intereses generales sobre los particulares. Importarán en adelante más los resultados en la salud, la economía y la forma como se procesen, pues la democracia también es susceptible de enfermarse.

rubenceballos56@gmail.com *Jurista

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